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(Info:Dw.com)

“La extracción respetuosa con el medio ambiente de la materia prima litio y la asociación justa con Bolivia son la base de nuestras acciones”, se lee en el sitio web de ACISA. En diciembre de 2018, esta empresa alemana inició una nueva asociación empresarial con el país sudamericano. Entonces, ambas partes habían depositado muchas esperanzas en el proyecto. A la firma del contrato, acudieron incluso  personalidades políticas de ambos países.

El litio es necesario para la producción de baterías de automóviles eléctricos y, por lo tanto, de vital importancia para el cambio de modelos de transporte y para decir adiós a los motores de combustión fósil e impulsar más la movilidad eléctrica.

	Infografik größte Lithium Reserven 2022 ES

Seis empresas, ninguna de Alemania

Casi cuatro años después, la euforia solo se siente del lado boliviano: “Comienza la era del litio”, se leía hace unos días en el portal local EJU, donde se estimaban los ingresos futuros en dos mil millones de dólares estadounidenses anuales y se hablaba de un volumen de producción de 40.000 toneladas anuales hasta finales de 2024. Sin embargo, ya no se mencionaba por ninguna parte la componente alemana del proyecto.

Hace unos días, Bolivia anunció que las seis empresas preseleccionadas con las que el país ha avanzado en las negociaciones hasta el momento proceden de Estados Unidos, Canadá y China. Ya no se habla de cooperación alemana alguna, aunque el ministro de Energía boliviano, Franklin Molina Ortiz, aseveró que, “hasta ahora, solo se han firmado declaraciones de intenciones, no hay contratos válidos”.

Lucha de poder de fondo

La empresa alemana ACISA vio ensombrecerse la cooperación, desde el principio, por disturbios políticos: unos meses después de haber firmado el contrato para constituir la empresa mixta germano-boliviana que emprendería el proyecto, comenzaron las protestas en su contra en la región alrededor del Salar de Uyuni. Bolivia no salía bien parada y ACISA era demasiado pequeña para la magnitud del proyecto, argumentaban sus opositores.

Por si fuera poco, el entonces presidente Evo Morales renunció en el marco de otras protestas, tras las polémicas elecciones de 2019. Y cuando habló de un golpe de Estado en su contra, por el que culpó, entre otros factores, a los intereses internacionales en los yacimientos bolivianos de litio, la decisión sobre quién colaboraría con Bolivia quedó definitivamente politizada.

Arce debe tomar decisiones estratégicas

Entretanto, el sucesor de Morales, Luis Arce, ha sido objeto de críticas. Según medios bolivianos, su hijo jugaría un papel clave para decidir quién se adjudicaría el contrato. “Rumores y poca transparencia”, comentó el portal Erbol sobre la decisión de adjudicación del proyecto.

Para el presidente Arce, quien adicionalmente está cada vez más presionado por Morales, es de vital importancia tomar decisiones estratégicamente inteligentes para su país. “Necesitamos socios, no dueños”, dijo Morales hace años, elevando así el listón de la cooperación con socios extranjeros.

Revés para Alemania

La empresa alemana ACISA, fundada para crear la empresa mixta germano-boliviana que explotaría el litio en el país andino, precisó este lunes (13.06.2022) a DW que la licitación, en la que se ha preseleccionado a seis consorcios, es un proyecto para la selección de una tecnología para la extracción directa de litio de la salmuera del Salar de Uyuni.

Tras la decisión, esta tecnología debería ser utilizada por la empresa estatal YLB; puesto que, según las leyes bolivianas, las materias primas de fuentes primarias (como la salmuera del Salar de Uyuni) solo pueden ser obtenidas por el Estado.

Este proyecto es completamente independiente del proyecto de ACISA, es decir, la extracción de litio de la salmuera residual, subraya la empresa alemana. Pero, mientras canadienses, estadounidenses y chinos continúan, aparentemente, progresando, los alemanes admiten que, “en lo que respecta al estado actual de nuestro proyecto, solo podemos decir que las negociaciones siguen siendo muy difíciles debido a la situación en Bolivia”. O, para decirlo con optimismo: la situación está en punto muerto.

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