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Una investigación efectuada en roedores australes sudamericanos permitió establecer que la lluvia influye en el tamaño que alcanzan estos mamíferos, lo anterior como resultado del efecto que tiene la “sombra de la lluvia” en su hábitat y desarrollo. Este hallazgo ha permitido plantear la acción de una nueva ley en la naturaleza si se comprueba que este principio se aplica ampliamente en nuestro planeta.

 

“El efecto de la sombra de la lluvia andina impulsa la variación fenotípica en un roedor austral ampliamente distribuido”, ese es el título en español del artículo publicado conjuntamente en la revista “Journal of Biogeography” por los científicos Noé de la Sancha, de la Universidad DePaul, Estados Unidos; Bruce Patterson, del Museo Field de Historia Natural de Estados Unidos; Pablo Teta, del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”, Argentina; y Guillermo D’Elía, académico del Instituto de Ciencias Ambientales y Evolutivas de la Facultad de Ciencias Universidad Austral de Chile (UACh). 

 

El escrito da a conocer que el ratón peludo de pelo suave (Abrothrix hirta) experimenta cambios de tamaño según el lado de la Cordillera de los Andes en el que vive. En este contexto, y de acuerdo a los roedores observados, aquellos del lado más húmedo eran considerablemente más grandes que los del lado más seco, a pesar de que su ADN mitocondrial no muestra estas diferencias.  

 

El patrón de variación morfológico observado es atribuida a la “sombra de la lluvia”, efecto presente en la mayoría de los sistemas montañosos del planeta y resultado de la forma en que el vapor de agua viaja sobre los macizos. En nuestra cordillera, por ejemplo, este fenómeno permite que el lado chileno sea húmedo y lluvioso, mientras que el lado argentino sea frío y seco. 

 

El Dr. Noe de la Sancha, explicó que esto se debería a que la tierra húmeda tiene mayor productividad, entregando más recursos para la alimentación de esta y otras especies (por ejemplo, frutas, hongos e insectos) desarrollando cuerpos más grandes.  

 

“Hay un montón de reglas ecogeográficas que los científicos usan para explicar las tendencias que vemos una y otra vez en la naturaleza. Con este artículo, creo que podríamos haber encontrado una nueva: el efecto de la sombra de la lluvia puede causar cambios de tamaño y forma en los mamíferos”, indicó. 

 

 

Investigación y resultados 

 

Respecto al trabajo en específico con Abrothirx hirta, el Dr. Guillermo D’Elía, académico, además, del Doctorado en Ciencias, mención Ecología y Evolución y del Magíster en Genética de la UACh, detalló que se trata de una especie con presencia desde el Maule en Chile y la Provincia de Mendoza en Argentina, hasta Tierra del Fuego.  

 

“Seleccionamos a este roedor por su distribución a ambos lados de los Andes, incluyendo áreas que están bajo el efecto de “sombra de la lluvia” de los Andes, sin embargo, esta no es la única especie bajo este régimen. Una segunda razón para estudiar a esta especie fue que existe material suficiente disponible en colecciones zoológicas. Sin especímenes colectados a lo largo de los años y a través de la distribución geográfica de la especie, este estudio no habría sido posible”, indicó el científico. 

 

Posteriormente, se efectuó un análisis estadístico que comparó las medidas de 450 cráneos de ratones pertenecientes a colecciones de museos en Argentina, Chile y Estados Unidos. En este contexto, se analizaron las diferencias geográficas en la morfología del cráneo utilizando 17 mediciones lineales. Luego, se empleó la técnica de árbol de regresión para poner a prueba las variables ambientales que mejor describen la variación morfológica. 

 

Los resultados mostraron que las variables que mejor explicaban el tamaño de los diversos conjuntos de datos eran la longitud, es decir, de qué tan al Este o al Oeste procedían los animales; la precipitación del trimestre más frío; y la estacionalidad de la temperatura. En esta línea y en relación al efecto de la “sombra de la lluvia andina” se evidenció que los ejemplares de Abrothrix hirta más grandes tienden a encontrarse en la parte occidental de los Andes, mientras que los más pequeños tienden a encontrarse en las estepas orientales. 

 

Finalmente, el Dr. Guillermo D’Elía, explicó que, para proyectar este fenómeno como nueva ley o regla en la naturaleza, es necesario que el patrón observado sea puesto a prueba con especies codistribuidas a Abrothrix hirta o bien con otras especies sometidas al efecto de “sombra de la lluvia” en otros sistemas montañosos. Si el patrón se mantiene, quizás, estemos en condiciones de generalizar algo en forma de ley o regla. 

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