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(Info: Elconfidencial.com)

Bombarderos estratégicos chinos y rusos con capacidades nucleares sobrevolaron el mar de Japón esta semana durante más de 13 horas. Mientras tanto, en Tokio se encontraban los líderes del Quad, el Diálogo de Seguridad Cuadrilateral que reúne a Estados Unidos, India, Australia y Japón, aliados en el Pacífico frente a la amenaza sino-rusa, cuyo ejercicio aéreo calificaron como «provocativo», «inaceptable» y una muestra de que Pekín y Moscú van de la mano mientras Putin prosigue su invasión de Ucrania

“Tenemos la intención de reforzar drásticamente las capacidades de defensa de nuestro país y estos planes han sido avalados por el presidente de los Estados Unidos”, anunció con orgullo en respuesta el primer ministro japonés, Fumio Kishida, escoltado por su homólogo estadounidense, Biden, en una conferencia de prensa conjunta en la antesala del Quad. «Estamos ocupados en aumentar nuestro poder defensivo teniendo en cuenta la situación en torno a Taiwán», señaló el mandatario nipón, apuntando al punto más caliente del Pacífico.

Para Kishida, la seguridad de Taiwán es vital: tanto Taipéi como Japón forman parte de una cadena de islas que rodea las fuerzas chinas; perder Taiwán rompería esa línea y sería visto como una amenaza para Japón. Contrarrestar la creciente influencia militar y económica de China en la región del Indopacífico ha sido el tema principal de la gira de Biden en Corea del Sur y Japón, previa al encuentro del Quad, en el que también participaron el primer ministro indio, Narendra Modi, y el recientemente elegido primer ministro australiano, Anthony Albanese.

Durante los últimos años, en especial durante los mandatos del ex primer ministro Shinzo Abe, Japón ha ido apartándose lenta y sigilosamente de su modélica Constitución ‘pacifista’ para ir abrazando postulados cada vez menos cándidos e ingenuos en un contexto y una región explosivos. El aumento en gastos en defensa de sus Fuerzas de Autodefensa —el ejército del país, que no puede llamarse ni ejercer como tal constitucionalmente— ha sido criticado con frecuencia por los países vecinos, sobre todo Corea del Sur y China, que después de ser víctimas del imperialismo nipón ven en ello el asentamiento de las bases de un nuevo imperio japonés.

En abril, el gobernante Partido Liberal Democrático de Japón se dirigió al Gobierno con una propuesta para considerar la posibilidad de duplicar el presupuesto de defensa y llevarlo al 2% del PIB. Este año fiscal (que comenzó el mismo mes de abril), las asignaciones para estos fines aumentaron en alrededor de 50.000 millones de yenes (más de 368 millones de euros) en comparación con el año anterior y ascendieron a 5,37 billones de yenes en total (unos 40.000 millones de euros), lo que representa una cifra récord en la historia del Japón moderno.

El gasto del 2% del PIB en defensa es el mismo objetivo que se han autoimpuesto los aliados occidentales de la OTAN, aunque la mayoría aún está por debajo de esa cifra. Como reacción a la invasión rusa de Ucrania, en Japón se ha seguido con interés el cambio de paradigma de Alemania, la otra gran potencia perdedora de la última gran guerra, cuando el canciller alemán Olaf Scholz anunció el histórico cambio de política para cumplir con sus socios de la Alianza Atlántica. Como resultado, la inversión alemana en defensa este año aumentará a 100.000 millones de euros desde solo 47.000 millones en 2021.

El país del sol naciente quiere seguir la tendencia de los países de sus antípodas, pero a diferencia de los europeos, no solo tiene la amenaza de Rusia —con quien aún formalmente están en guerra desde la Segunda Guerra Mundial y mantienen la reivindicación de la ocupación de las islas Kuriles por parte del Ejército Rojo— sino que tienen que lidiar con las constantes amenazas de Corea del Norte y, sobre todo, China.

Sin embargo, a pesar de las exigencias del partido gobernante en Japón, el presupuesto anual queda muy por debajo de las expectativas. A pesar de las peticiones del Partido Liberal y otros que están aún más a la derecha en el arco parlamentario de la Dieta japonesa, el presupuesto en defensa apenas llegará al 1% del PIB y las perspectivas iniciales del año fiscal 2023 no superan el 1,09%, aunque Kishida haya repetido en el Parlamento y ante la prensa la necesidad de “fortalecer drásticamente” las capacidades de defensa de Japón.

El problema del artículo 9

La actual Constitución de Japón, escrita bajo la ocupación de Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial y que entró en vigor en 1947 sin que se haya enmendado hasta ahora, prohíbe explícitamente al país en el artículo 9 ejercer cualquier acción militar si no es atacado, lo que le ha impedido tener peso estratégico a nivel internacional. Desde el inicio del siglo XXI, se han llevado a cabo algunos pasos para lograr burlar legalmente este impedimento.

En 2015, bajo el mandato del conservador Abe, se aprobó un paquete de medidas legales que pretendían dar cobertura a las Fuerzas de Autodefensa, entre ellas, poder actuar militarmente fuera del país, poniendo fin —en la práctica— a más de siete décadas de ‘pacifismo formal’. Este cambio legislativo, que levantó una de las mayores polémicas políticas del país de las últimas décadas, supuso el mayor cambio en materia de defensa que afronta Japón desde la II Guerra Mundial y levantó ampollas en China y Corea del Sur.

El año pasado, antes de la dimisión como primer ministro del delfín de Abe, Yoshihide Suga, la Dieta aprobó un proyecto de ley para reformar los procedimientos para celebrar un referéndum nacional con la vista puesta en dotar al Gobierno de más competencias en caso de una emergencia o una crisis sanitaria pandémica, pero también para lograr su controvertido deseo de reformar la Constitución pacifista nipona para modificar el papel de las Fuerzas de Autodefensa. En el caso de Japón, cualquier enmienda constitucional debe ser aprobada por mayoría de dos tercios en las dos cámaras antes de someter la propuesta a un referéndum nacional.

Si en 2015 la mayoría de los japoneses se mostraba contraria a una reforma constitucional e incluso hubo manifestaciones de protesta, ahora la mitad de la población ya es favorable a reformar la Constitución y dejar atrás el pacifismo. Según una encuesta publicada a principios de este mes de mayo, un 50% de los consultados por la agencia de noticias Kyodo apoya la revisión y un 48% permanece en contra, resultados que muestran un cambio de tendencia, pero también una división social.

En una reciente entrevista emitida por la cadena pública NHK, Kishida se mostró partidario de la reforma constitucional, asegurando que “[la Constitución] puede tener carencias y elementos anticuados, tras estar en vigor durante más de 75 años”, y pidió un diálogo constructivo entre todas las fuerzas políticas para llevar a cabo los cambios necesarios en la Carta Magna. Japón está de vuelta.

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